23-10-2014, Prinzipito

Después de un fin de semana intenso en todos los sentidos, me doy cuenta de que los años no son un impedimento y cuanto más tienes, más quieres.

El lunes no tenía afán de trabajar, casi como hoy, pero sí de pasarlo bien y quién mejor para complacer mis necesidades que María G.

No quise llamarla, sino que le puse un post, aquí en el foro, últimamente me da un buen resultado; pienso cómo he podido vivir sin esta herramienta y también, egoistamente, pienso que los jóvenes de hoy lo fácil que lo tienen.

Bueno, que me despisto, como casi siempre, le puse que si tenia alguna idea, para dar sentido al día.

Al mediodía me dice con esa voz única, casi susurrante y tan excitante, ¿que si ya tiene sentido mi día? que quiere complacerme y que tal vez tiene un hueco para ello, me pregunta …
¿qué es lo que deseo? Le digo que me sorprenda, sé que cada día se lo pongo mas difícil.

Llego a la hora acordada, me recibe casi en penumbra detrás de la puerta y me da un beso interminable, se sonríe y se quita una de las medias que lleva puestas en ese momento, me la pone tapando mis ojos, para evitar que pueda ver y me lleva a la habitación, cogido de la mano, en donde está la cama de los barrotes, me desnudo y nada más tumbarme en la cama más besos y caricias, me esposa a los barrotes y me dice que tiene que salir un instante.

Vuelve enseguida, acompañada por una fémina y con un trozo de hielo, con el que empieza a pasarlo por distintas zonas de mi cuerpo, en los cuales me produce un gran placer, el no saber qué va a pasar, no saber que chica me la esta chupando, en ese momento, me está produciendo un placer que nunca antes había sentido estar dominado. Las dos la chupaban a la vez, después creo que fue María, la que se subió encima y empezó a “galopar” encima de mí, mientras la otra chica me besaba por mi cuerpo y seguía haciendo caricias, después cambiaron de posición y la chica que acaba de follar se sentó sobre mi cara, para que pudiese comerle el coño, al final terminé en esta postura.

Pensaba que me quitaría la media en este instante, pues me equivoqué, me ayudo a vestirme y me la quitó justo en la entrada, cuando me daba otro beso de despedida.

Experiencia para repetir indudablemente, me fui a mi casa más contento que unas castañuelas, vamos, en vez de andar, me parecía que levitaba. Gracias, María, una vez mas por sorprenderme y otro día me dices quién fue la chica con la que estuve para agradecérselo, pues no habló absolutamente nada, creo que fue Lucía, pero no lo sé.